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Cirrosis
La cirrosis es la consecuencia final de muchas enfermedades hepáticas
crónicas que lleva a la pérdida de la arquitectura
normal del hígado y una disminución progresiva de
sus funciones. Cualquier enfermedad que produzca una inflamación
crónica del hígado puede, en el curso de años,
llegar a producir cirrosis.
Descripción
Como consecuencia de la cirrosis, las células del hígado
mueren y son reemplazadas por tejido deteriorado, en lugar de
nuevas células. Las células del hígado
continúan muriendo, hasta no quedar suficientes células
para efectuar el trabajo. La cirrosis comienza despacio. Pueden
pasar años, antes que usted se entere de la existencia
de la cirrosis, en su hígado. El daño en el hígado
es irreparable, pero los síntomas pueden ser disminuidos
y controlados.
Causas
Hay muchas causas de cirrosis. Las principales en nuestro medio
son dos: El consumo excesivo de alcohol (cirrosis etílica
o alcohólica) y la hepatitis crónica por virus
C (cirrosis por virus C), que son responsables del 80 por ciento
de los casos de cirrosis en España. Además, se
puede producir cirrosis por hepatitis crónica por virus
B, por infección crónica mixta por virus B y virus
D, por enfermedades, denominadas colestásicas crónicas
(que afectan a la producción o a la salida de la bilis
del hígado, tales como la cirrosis biliar primaria o
la colangitis esclerosante) y por enfermedades metabólicas
congénitas del hígado que se manifiestan en la
vida adulta, como la hemocromatosis primaria (sobrecarga hepática
de hierro -bastante frecuente-), la enfermedad de Wilson (sobrecarga
hepática de cobre -muy rara-) y el déficit de
alfa-1-antitripsina (también bastante rara). Otras causas
poco comunes de cirrosis son la hepatitis autoinmune, en la
que se produce una agresión al hígado por parte
de nuestro propio sistema defensivo, y la toxicidad hepática
por algunos fármacos. Existen otras causas mucho más
raras y algunas específicas de la infancia que producen
cirrosis precoz en niños o adolescentes. Todas las enfermedades
citadas necesitan años de evolución para llegar
a producir cirrosis. Además, en muchos casos, el consumo
excesivo de alcohol o la hepatitis crónica por virus
C no llegan a producir cirrosis y el paciente fallece por un
motivo independiente de la enfermedad hepática.
Signos y Síntomas
Las señales y los síntomas de la cirrosis se
dividen en dos etapas:
Cirrosis incipiente:
-
-
Pérdida del apetito (no querer comer).
-
-
-
El hígado comienza a crecer.
-
Las palmas de las manos se vuelven rojas.
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Ojos y piel amarillos. Esto es llamado,
ictericia.
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Orina de color amarillo oscuro o marrón.
-
Diarrea o deposiciones negras o con sangre.
-
Venas de araña. Esto es, cuando
los pequeños vasos sanguíneos inmediatamente
debajo de su piel, tienen el aspecto de una telaraña.
-
Sangrar y amoratarse con facilidad.
-
Piernas y pies hinchados. Esto es llamado,
edema.
-
Confusión y falta de claridad en
el pensamiento.
-
-
Tratamiento
La cirrosis como tal carece de tratamiento médico específico
dado que es irreversible. Se pueden tratar algunas de las enfermedades
que la producen y evitar o retardar la evolución de una
cirrosis en estadio inicial a las fases avanzadas. Tienen tratamiento
preventivo o paliativo algunas de las complicaciones de la cirrosis
tales como las hemorragias digestivas, la retención de
líquidos y la encefalopatía hepática, que
siempre deben ser indicados por un médico. Se emplean
tratamientos dietéticos y farmacológicos. Entre
los dietéticos está la reducción de la
sal para prevenir la retención de líquidos y la
de proteínas (carnes, pescados) para la encefalopatía
hepática. Como es necesaria una buena nutrición
y, hasta que hay riesgo de encefalopatía, la restricción
de proteínas no es necesaria, la dieta debe ser siempre
supervisada por el médico. A veces se necesitan suplementos
de vitaminas y minerales. Entre los fármacos se usan
fundamentalmente los diuréticos para tratar la retención
de líquidos y los llamados beta-bloqueantes para prevenir
las hemorragias digestivas. Pueden ser necesarios otros muchos
fármacos para tratar las complicaciones pero la mayor
parte de ellos se usan fundamentalmente en el ámbito
hospitalario.Finalmente hay que conocer que el tratamiento definitivo
de la cirrosis es el trasplante hepático. Se realiza
en los pacientes en que se estima una supervivencia menor de
dos años, a consecuencia de la cirrosis, y en los que
no existe contraindicación para realizarlo por otros
motivos. Es muy importante que todo paciente con cirrosis sea
visitado por su médico al menos 2 veces al año
y siempre que presente alguna complicación. Esto permite
al médico estimar más fiablemente el momento en
el que el paciente debe ser considerado candidato a trasplante
y proceder a su estudio como tal. Esperar a que el paciente
esté en muy mala situación por cirrosis muy avanzada
aumenta mucho las posibilidades de que el fallecimiento se produzca
antes de que de tiempo a realizar el trasplante.
Llamando al Médico
- Mediante revisión médica y ecografías
(evidencian el aumento de tamaño del hígado),
centellograma hepático y biopsias del tejido El análisis
de sangre revela anemia, alteraciones en la coagulación,
aumento de las enzimas hepáticas, alta concentración
de bilirrubina y baja concentración de albúmina.
Prevención
Las cosas más importantes que puede hacer una persona
para prevenir la cirrosis son: no consumir alcohol en exceso
y hacer una consulta inicial para valorar clínica y analíticamente
si existe una enfermedad hepática crónica silente
que pueda llegar a producir cirrosis. Si un paciente sabe que
tiene alguna enfermedad hepática debe consultar periódicamente
con su médico por si es una enfermedad tratable, cuya
progresión se pueda evitar (enfermedad alcohólica
o hepatitis B o C, por ejemplo).
Términos
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